La mayor innovación del krill antártico no fue aprender a capturarlo. Fue aprender a multiplicar su valor.
Noruega: el país que transformó una captura antártica en una plataforma mundial de ingredientes (Parte 2 de 5)
MUNDIAL
Tuesday, July 21, 2026, 00:10 (GMT + 9)
La mayor revolución del krill antártico no ocurrió en el océano. Ocurrió en la cuenta de resultados.
Durante décadas, el éxito de esta pesquería se midió por toneladas capturadas. Noruega cambió esa lógica. Demostró que el verdadero negocio no consistía en pescar más, sino en extraer más valor de cada tonelada capturada. Así construyó una de las cadenas de valor más sofisticadas de la economía azul contemporánea.
La temporada 2024/25, en la que la captura del Área 48 alcanzó por primera vez el nivel operativo de 620.000 toneladas establecido por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), confirmó que la discusión ya no gira únicamente en torno al acceso al recurso. El liderazgo comienza a definirse por quién controla la tecnología, el procesamiento, la logística y los mercados capaces de transformar biomasa en productos de alto valor.
Segunda entrega de una investigación especial en cinco partes sobre la transformación del krill antártico en una industria estratégica global.
Cuando el liderazgo dejó de medirse en toneladas
La historia de la industria del krill antártico suele contarse a partir de las capturas, de los avances tecnológicos o de la incorporación de nuevos buques a las flotas que operan en el Océano Austral. Sin embargo, esa visión describe los acontecimientos, pero no explica la transformación que cambió definitivamente el rumbo de esta actividad. La verdadera revolución no ocurrió cuando aumentó el volumen desembarcado ni cuando aparecieron embarcaciones más modernas. Ocurrió cuando una parte de la industria comprendió que el recurso más valioso no era el krill en sí mismo, sino la capacidad de transformar cada tonelada capturada en productos con un valor económico muy superior.
Fuente: Aker BioMarine
Ese cambio de perspectiva modificó por completo las reglas del negocio. Durante más de dos décadas, la competitividad estuvo asociada a una idea relativamente sencilla: capturar más significaba producir más y, por tanto, obtener mejores resultados. Era una lógica heredada de la expansión soviética iniciada en la década de 1970, cuando enormes flotas factoría operaban en aguas antárticas con el objetivo de abastecer de proteínas a una economía planificada que concebía el krill como una fuente prácticamente inagotable de biomasa. El éxito se medía en toneladas y el desarrollo tecnológico estaba orientado, principalmente, a incrementar la capacidad extractiva.
La primera entrega de esta investigación mostró cómo aquel modelo permitió crear la mayor pesquería experimental jamás desarrollada sobre un recurso marino y cómo su desaparición fue consecuencia del colapso de la Unión Soviética, más que del agotamiento del recurso. La biomasa seguía presente en el Océano Austral, pero el sistema económico que había sostenido la actividad dejó de existir. La industria entró entonces en una etapa de transición durante la cual numerosos países intentaron ocupar el espacio dejado por la antigua flota soviética.
Fuente: AP
Sin embargo, la competencia que comenzó a desarrollarse durante los años siguientes ya no respondía a las mismas reglas. El acceso al recurso seguía siendo importante, pero dejó de ser suficiente. El verdadero desafío consistía en construir un modelo industrial capaz de generar mayor valor económico a partir de una biomasa cuya disponibilidad, además de estar regulada internacionalmente por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), presentaba una limitación biológica que durante décadas había condicionado el desarrollo de toda la actividad.
El krill antártico (Euphausia superba) comienza a degradarse apenas unos minutos después de ser capturado. Las enzimas presentes en su organismo desencadenan rápidamente un proceso de autólisis que deteriora proteínas, lípidos y otros compuestos de alto valor comercial. En consecuencia, el tiempo transcurrido entre la captura y el procesamiento se convirtió en un factor determinante para la calidad del producto final. A diferencia de otras pesquerías industriales, donde la conservación permite mantener el valor del recurso durante períodos relativamente prolongados, en el caso del krill cada minuto perdido representa una reducción potencial de su valor económico.
Haga clic sobre la imagen para ampliarla. Fuente: PNAS.org
Comprender esa limitación significó replantear completamente el modelo de negocio. La cuestión ya no era únicamente cuántas toneladas podían extraerse del océano, sino cómo preservar el máximo valor biológico de cada una de ellas. La captura dejaba de ser el objetivo final para convertirse en el primer paso de una cadena industrial mucho más compleja, en la que el procesamiento inmediato, la logística, la investigación científica y el desarrollo de nuevos ingredientes adquirían una importancia equivalente —o incluso superior— a la propia actividad extractiva.
Fue precisamente en ese escenario donde Noruega comenzó a construir una ventaja competitiva que terminaría redefiniendo toda la industria. Mientras numerosos operadores continuaban concentrando sus inversiones en ampliar la capacidad de captura, las compañías noruegas apostaron por integrar todos los eslabones de la cadena de valor en un único modelo industrial. El desarrollo de sistemas de procesamiento continuo a bordo, la incorporación de tecnología diseñada para reducir al mínimo el tiempo entre la captura y la estabilización del producto, la creación de plataformas logísticas especializadas y la inversión sostenida en investigación aplicada permitieron transformar una pesquería tradicional en una industria basada en el conocimiento.
Fuente: Aker BioMarine
La consecuencia fue mucho más profunda de lo que las cifras de captura permiten apreciar. Noruega demostró que dos operadores podían desembarcar el mismo volumen de krill y, sin embargo, obtener resultados económicos completamente diferentes. La diferencia ya no dependía del recurso, sino de la capacidad para convertirlo en ingredientes destinados a mercados de alto valor añadido, como la acuicultura, la nutrición humana, los nutracéuticos, la alimentación especializada para mascotas o la biotecnología marina.
En otras palabras, el liderazgo dejó de medirse únicamente por las toneladas capturadas y comenzó a medirse por el valor generado a partir de cada tonelada.
Ese cambio puede parecer una simple evolución tecnológica. En realidad, constituye una transformación mucho más profunda. Supone el paso desde una economía extractiva hacia una economía industrial basada en el conocimiento. La captura continúa siendo imprescindible, pero ya no representa el centro del negocio. El verdadero activo pasa a ser la capacidad de integrar ciencia, tecnología, logística, procesamiento e innovación dentro de una misma estrategia empresarial.
La temporada 2024/25 ilustra con claridad este nuevo escenario. Durante esa campaña, las capturas en el Área 48 alcanzaron por primera vez el nivel operativo de 620.000 toneladas establecido por la CCAMLR, confirmando que la pesquería ha entrado en una nueva etapa de madurez. Desde una perspectiva histórica, el dato constituye un hito para la gestión internacional del recurso. Desde una perspectiva económica, sin embargo, transmite un mensaje todavía más relevante: cuando el crecimiento del volumen comienza a estar condicionado por límites de captura y criterios de conservación, la competitividad ya no puede basarse únicamente en extraer más biomasa. A partir de ese momento, el crecimiento depende, sobre todo, de la capacidad para generar más valor a partir del mismo recurso.
Ese es, precisamente, el modelo que Noruega desarrolló durante las últimas décadas.
Y esa es también la razón por la que hoy ocupa una posición de liderazgo que trasciende ampliamente el tamaño de su flota.
Porque la mayor innovación del krill antártico no fue aprender a capturarlo.
Fue aprender a multiplicar su valor.
Fuente: Aker BioMarine
Próxima entrega
Informe Especial 03/2026
China: la construcción silenciosa del segundo gigante del krill antártico
Mientras Noruega consolidó un modelo basado en la integración tecnológica y la generación de valor, China desarrolla una estrategia de naturaleza diferente. Su objetivo ya no consiste únicamente en participar en la pesquería, sino en convertir el krill en un componente de su política de seguridad alimentaria, expansión industrial y biotecnología marina.
La competencia por el liderazgo del krill antártico entra así en una nueva etapa, donde la capacidad tecnológica comenzará a convivir con estrategias nacionales de largo plazo.