Los ecosistemas costeros europeos están sometidos a una presión creciente debido al cambio climático, la contaminación y siglos de actividad humana. Desde los antaño rebosantes fiordos del Ártico hasta las praderas marinas del Mediterráneo, muchos hábitats han sido gravemente degradados, poniendo en riesgo la biodiversidad y los medios de vida que dependen de mares saludables.

Ahora, una ambiciosa iniciativa de investigación llamada Climarest busca revertir esta tendencia mediante la restauración de los ecosistemas y el empoderamiento de las comunidades locales de forma simultánea.
“Nuestro objetivo no es solo sanar la naturaleza, sino también empoderar a las comunidades”, afirma Ida Beathe Øverjordet, investigadora de SINTEF.
Soluciones basadas en la naturaleza a escala
En Francia, los investigadores, en lugar de plantar ostras una por una, utilizan arrecifes artificiales hechos de acero y madera que imitan los bancos naturales de ostras. Estas estructuras están elevadas sobre el fondo marino, lo que las protege de los depredadores y facilita el asentamiento de las larvas.
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En 2023 y 2024, se desplegaron 30 cúpulas de acero y 3 estructuras de madera en la bahía de Brest y la bahía de Quiberon. Actualmente, los sitios están siendo monitoreados para evaluar cómo se establecen las ostras.
“Tenemos una amplia experiencia con técnicas de restauración para esta especie. Sabemos qué funciona y qué funciona menos”, señala Marc Bouchoucha, investigador del instituto francés de investigación marina Ifremer.
“Climarest nos ha brindado la oportunidad de implementar las soluciones más adecuadas a una escala capaz de marcar una diferencia real. No solo para las poblaciones de ostras, sino también para las personas que dependen de los servicios ecosistémicos que estas proporcionan”.
El objetivo es restaurar arrecifes naturales de la ostra plana europea (Ostrea edulis), una especie que antaño cubría amplias zonas de la costa francesa, pero que colapsó debido a la sobrepesca, la contaminación y las enfermedades. Los arrecifes de ostras son puntos calientes de biodiversidad: sustentan a numerosas especies marinas, filtran el agua, almacenan carbono y protegen las costas.
Una misión para los océanos y las personas
Los investigadores están desarrollando soluciones basadas en la naturaleza y escalables en cinco emplazamientos europeos:
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Fiordos árticos en Svalbard
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Praderas marinas en Irlanda
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Arrecifes de ostras en Francia
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Fondos blandos sedimentarios afectados por la acuicultura en España
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Bosques de kelp y algas marinas en Madeira, Portugal
El enfoque se basa en los principios de la Society for Ecological Restoration (SER), y se centra en la participación de las personas y empresas afectadas, el establecimiento de objetivos medibles y el uso de una amplia gama de acciones restaurativas, desde la limitación de daños hasta la restauración completa de los ecosistemas.
“Lo importante es que no solo se restauran los ecosistemas, sino también la relación entre las personas y la naturaleza”, señala Øverjordet.

El proyecto Climarest presenta una colaboración única en cinco sitios de demostración, desde Svalbard y el Alto Ártico (79°N) hasta el archipiélago de Madeira (33°N) en el sur.
Conectar la ciencia y la sociedad
Una de las grandes fortalezas del proyecto Climarest es su capacidad para vincular el conocimiento científico con el saber local y la aportación de los distintos actores sociales.
En Svalbard, tanto el prototipo contra la erosión como la campaña de concienciación se desarrollaron conjuntamente con la comunidad local. El objetivo fue proteger la biodiversidad sin impedir el uso de las zonas para la recreación al aire libre ni la preservación del patrimonio cultural.
Erosión y aguas residuales en Svalbard
En Longyearbyen, los investigadores están abordando dos problemas principales: la erosión costera y la contaminación por aguas residuales. Las costas árticas enfrentan amenazas crecientes debido al deshielo del permafrost y a tormentas más intensas.

Para hacer frente a estos desafíos, se elaboró un plan de gestión costera. Se construyó un tramo urbano de 340 metros de costa sobre terreno ganado al mar.
“El diseño se basa en parte en la co-creación con los habitantes locales. Las medidas buscan estabilizar la costa, aumentar la biodiversidad y ofrecer un espacio recreativo que mejore el bienestar”, explica Anatoly Sinitsyn, investigador de SINTEF.
La primera fase del plan ya se ha implementado. Se construyó un prototipo de 30 metros de longitud para proteger la costa, que incluye un muro de contención de escollera que imita una costa rocosa natural, una piscina intermareal y una estructura fabricada con madera reciclada.
Ahora corresponde a las partes interesadas locales decidir si adoptan el resto del plan.
Cuatro sitios de referencia con diferentes condiciones del terreno se utilizan para comparar las tasas de erosión y la biodiversidad.
El monitoreo incluye mediciones de la profundidad del fondo marino, cartografía con drones y análisis de eDNA, lo que permite seguir los cambios tanto en microorganismos como en pequeños animales a lo largo del tiempo.
La concienciación pública marca la diferencia
Longyearbyen vierte aproximadamente 300.000 metros cúbicos de aguas residuales sin tratar al Adventfjorden cada año. Para mitigar este impacto, en 2022 se instaló una rejilla que captura alrededor de 80 kilogramos de partículas grandes por semana.
El proyecto continúa con una campaña de concienciación pública lanzada en 2024.
Pegatinas y vídeos con animales del Ártico recuerdan a residentes y turistas que solo deben tirar papel higiénico por el inodoro. De este modo, los hábitos cotidianos se vinculan directamente con la salud del ecosistema.

Ostricultores profesionales colocan sustrato para la fijación de larvas en la bahía de Quiberon. Foto: Nicolas Brikke
Estas medidas ya han tenido un impacto. Las mediciones realizadas en agosto de 2025 mostraron una reducción del 30 % en los vertidos incorrectos en la ciudad.
Los investigadores también están estudiando los niveles de contaminación y el estado de los organismos que habitan el fondo del fiordo.
Revitalizar las praderas marinas en Irlanda y España
Las praderas marinas son esenciales para el almacenamiento de carbono, la filtración del agua y como zonas de cría para peces, pero están desapareciendo rápidamente.
Para revertir esta tendencia, los investigadores están restaurando las especies Zostera marina, Nanozostera noltii y Cymodocea nodosa en seis emplazamientos de Irlanda y España.
El equipo probó varios métodos de restauración. Plantaron nuevos brotes y también semillas, tanto envolviéndolas en pequeñas bolas de barro como sembrándolas directamente.
Además, se recopilaron muestras genéticas para identificar qué praderas funcionan mejor como donantes y para comprender cómo están conectadas las distintas áreas de praderas marinas.
Los resultados variaron según el lugar. Por ejemplo, casi todas las plantas sobrevivieron en Lettercallow, mientras que en Baile Lar la tasa de supervivencia fue de solo alrededor del 14 %.
El equipo realiza el seguimiento del crecimiento midiendo la densidad de brotes, la longitud de las hojas y la altura de la vegetación. También supervisan el almacenamiento de carbono y nitrógeno en los sedimentos y evalúan cómo las praderas marinas ayudan a estabilizar los ecosistemas costeros.
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Seagrass can create important habitats for fish and crabs. Photo: Ricardo Bermejo
Lecciones de un proyecto paneuropeo
Las áreas del proyecto Climarest abarcan desde los 79° de latitud norte (Svalbard) hasta los 33° de latitud norte (Madeira), cubriendo una amplia gama de climas, ecosistemas y condiciones locales.
Entre las principales conclusiones se incluyen:
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Los desafíos locales requieren soluciones adaptadas
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La participación de las partes interesadas es esencial
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Los sitios de demostración marcan una gran diferencia
A pesar de los avances logrados, ampliar los esfuerzos de restauración en toda Europa sigue siendo un desafío.
“Estos incluyen limitaciones financieras, dificultades técnicas como la inestabilidad de los sedimentos y condiciones meteorológicas severas, así como complejos problemas de gobernanza que implican permisos y una coordinación eficaz entre las partes interesadas”, explica Øverjordet.
Un plan maestro para la restauración marina en Europa
Los ecosistemas costeros europeos se enfrentan a grandes desafíos. Climarest ha demostrado ser más que un simple proyecto de restauración: muestra cómo la gestión costera puede volverse más resiliente frente al cambio climático.
“Combinar una ciencia rigurosa con la participación comunitaria demuestra cómo la restauración ecológica puede ser eficaz, inclusiva y escalable”, afirma Øverjordet.
A medida que Europa avanza hacia sus objetivos climáticos y de biodiversidad para 2030, este proyecto ofrece tanto esperanza como una hoja de ruta para restaurar el corazón azul del planeta.
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