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Fuente: AME / Facebook
La hora de la pesca
PERÚ
Monday, July 13, 2026, 00:10 (GMT + 9)
Cada cinco años, el sector pesquero nacional vuelve a esperar que el Estado haga justicia con una de las mayores fortalezas del país. El Perú posee condiciones privilegiadas. Nuestro mar, nuestros ríos y lagos, así como nuestra ubicación geográfica y nuestra tradición pesquera milenaria, inexplicablemente, aún no nos han convertido en una potencia mundial en la producción sostenible de alimentos.
Mientras nosotros nos ensañamos en discutir problemas sempiternos, Chile, Ecuador, Noruega, China, Vietnam, India y otros competidores avanzan hacia industrias más modernas, tecnificadas y generadoras de mayor valor agregado.

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El gobierno que asumirá funciones el próximo 28 de julio tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de cambiar esta historia cíclica. Su primera prueba de fuego podría llegar muy pronto. La insuficiente preparación frente a un eventual fenómeno de El Niño constituye una amenaza que el país no puede seguir ignorando. Será indispensable proteger las zonas de maricultura expuestas a las descargas de quebradas, reforzar los desembarcaderos pesqueros artesanales y facilitar líneas de crédito preferenciales para que frigoríficos y plantas de procesamiento puedan afrontar los efectos de las lluvias y las inundaciones. Después de tantos episodios similares, seguir improvisando sin dejar la infraestructura necesaria para la prevención sería injustificable.
También deberá demostrarse que la sostenibilidad no es solo un eslogan. Resulta indispensable impedir que prosperen iniciativas legislativas que buscan incorporar miles de nuevas embarcaciones a pesquerías tan sensibles como las de la pota (Dosidicus gigas) y el perico (Coryphaena hippurus). Debe ponerse fin a la proliferación de astilleros clandestinos que operan al margen de la ley e, irónicamente, a la vista de todos.
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Fortalecer al Imarpe (Instituto del Mar del Perú), obtener certificaciones internacionales de sostenibilidad y asumir una presencia más activa del Perú en organismos pesqueros internacionales son decisiones impostergables si queremos proteger nuestro patrimonio y mantener el acceso a los mercados más exigentes.
Un gran desafío estratégico se encuentra en la acuicultura. Allí está el mayor atraso del sector y, al mismo tiempo, la mejor oportunidad. Mientras nuestros vecinos exportan productos acuícolas por un valor veinte veces superior al del Perú, seguimos careciendo de una política promotora capaz de impulsar una red nacional de desarrollos acuícolas que complemente la agricultura familiar, reduzca la pobreza rural y contribuya a combatir la anemia y la desnutrición infantil. Paralelamente, debemos crear condiciones para atraer inversiones en acuicultura que aprovechen el extraordinario potencial de nuestros recursos hídricos.

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La pesca artesanal también merece una transformación profunda. El Estado debe ayudar a convertirla en una actividad moderna y competitiva mediante capacitación, certificación de competencias, buenas prácticas, embarcaciones adecuadamente equipadas e infraestructura que permita mejorar la calidad de sus productos. Asimismo, se requiere una política permanente de promoción del consumo de pescados y mariscos y un programa de compras públicas para abastecer a escuelas, hospitales, Fuerzas Armadas, Policía Nacional y programas sociales.
Nada de ello será posible sin recuperar una institucionalidad acorde con la importancia estratégica del sector. La presidenta electa ofreció, en la campaña de 2021, restituir el Ministerio de Pesquería. Hoy tiene la oportunidad de cumplir ese compromiso. No se trata de crear más burocracia ni de incrementar el gasto público en un céntimo, sino de reorganizar competencias para que la pesca y la acuicultura vuelvan a tener voz propia en el Consejo de Ministros.

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Estas actividades no son un sector más de la economía; están llamadas a ser la columna vertebral de una política de seguridad alimentaria, desarrollo regional y proyección geopolítica.
El Perú no necesita descubrir una nueva fuente de riqueza. Ya la tiene. Lo que ha faltado es la voluntad gubernamental para convertirla en una verdadera política de Estado. El nuevo gobierno tiene cinco años para demostrar que, esta vez, será diferente.
Author / Fuente: Alfonso Miranda Eyzaguirre | Expreso
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